21 enero 2008

Se escaparía con ellos

Autoretrato en un espejo esférico, de M.C. Escher.


Puede que haya vivido la derrota,
pero nunca me sentí derrotada.
Susana Ruiz


Hablaban y hablaban sin parar. Salían disparadas las palabras de sus bocas, con fuerza pero sin blanco definido. Se sacudían como látigos, pero no encontraban piel que lacerar.

Todo me daba igual. No me molestaban ni me herían. Sencillamente las sentía brotar, pero no me llegaban. Se quedaban a milímetros, atrapadas en una red que me ceñía, celosía gruesa que se tornaba móvil, me seguía, cubría mis pasos impidiendo que las palabras de los demás me hundieran.

Todos hablaban de mí. Todos tenían una opinión sobre lo que yo debía hacer con mi vida, mi cuerpo, mi cara, mis emociones. Para todos era cuestionable cómo sentía, decidía o comía.

Nadie se molestaba en escucharme. Asentían educadamente cuando yo les contaba. Incluso sonreían comprensivos. Pero no entendían nada. La sonrisa escondía un vacío.

De repente, me levanté y salí. Enmudecieron. No se lo esperaban. Después comentarían que vieron en mis ojos la luz de un relámpago. Una fuerza interior que asomaba a mis pestañas como un espectador que asiste a un espectáculo de teatro. Y los actores, las pantomimas, y las tragicomedias las protagonizaban ellos.

Siempre fui pasiva. Tenía carácter, lo dejaba estallar en algunas ocasiones, pero nunca me rebelaba ante nada. Era un alma dúctil, amoldable, flexible. Una rama ajustable a cada doblez, siempre al borde de quebrarse. Formaba parte de un tronco más fuerte, el que formaba mis padres, mis profesores, amigos, los jefes después, el amor al final.

Me cimbreaba sin soltarme nunca del tronco. Podía doblarme con el viento que soplara, se desprendían mis hojas al faltar el sol, pero nunca tuve intención de soltarme. Me llegaba la savia, me nutría y me acomodaba a tener alimento y protección siempre que lo necesitaba. Y nunca tuve intención de soltarme.

Hasta que llegaste tú. Y contigo la fuerza. La rabia, la ira, la pérdida. El horror. Abriste la ventana de la fragilidad, se me coló en los pulmones el aire del espanto. Y me dejó sin aliento.

Irrumpiste tan bruscamente, que no te veía al principio. No parecía darme cuenta de nada. Hasta que comencé a escuchar tu susurro quedamente, filtrándose poco a poco con su paso de losa, constante, sostenido, hasta ocuparlo todo.

Al principio, pensé que era mentira. Como un sueño, del que me desprendería al abrir los ojos. Pero los ojos estaban bien abiertos y el mundo seguía en pie, con el mismo paso vacilante, la misma indefensión. Los mismos paisajes, las mismas personas, ahora un poco más desvaídos de color. No era un sueño. No era mentira.

Era verdad, mi verdad, la que me pertenecía a mí, sólo a mí. Enteramente mía.

Y ni familia, ni amigos, compañeros, médicos, ni amores, podrían compartirlo conmigo. Aquello era mi territorio, en el que yo debía combatir sola. Sin nadie que me suministrara un tronco al que aferrarme para seguir nutriéndome. Ya no había salvación en la rama que hasta entonces yo había sido.

Ahora era mi turno. Mi desesperado turno. Era mi ocasión de vivir. Por último, o no. Eso iba a dependender enteramente de mí. Y sus palabras no podrían penetrar la atmósfera que rodeaba mi planeta recién conquistado. Rebotarían, se escaparían, se perderían.

Me daba igual. Yo estaba dispuesta a luchar sola. Construiría un trampolín desde el que saltar y agitar el dolor. Me compraría un espejo en el que asistir a mi nuevo rostro, sin pelo, sin color, fatigado. Para dejar que todo se cayera, la vieja piel, los viejos hábitos, los trapos viejos.

Y asistir al nacimiento, poco a poco, paso a paso, de una nueva rama. Brillante, de madera veteada de caobas brillantes, barnizados por el sol más furioso. Alumbraría un nuevo cuerpo, sano, entero y tan fuerte que a poco le llegara el arrullo de los primeros vientos, se escaparía con ellos.

13 comentarios:

Avellaneda dijo...

Todos tienen su momento de "basta ya" se puede sacar más pronto o más tarde pero ese momento es de triunfo. El darse cuenta que eres tu el que tiene que SER y renacer.

Me gusta mucho como escribes (aunque sea largo -tu ya me entiendes- ;-p). Tu prosa es muy clara y te va llevando, expresas muy bien las sensaciones. Cuando te he leido he sentido esa rabia de quien quiere quitar el dominio de su vida de los otros para cogerlo y controlarlo, para recuperarlo y recuperarse al fin y al cabo.

Me ha encantado y como siempre hay algo que me conecta...

Un beso guapa
Mer

julio-entuinterior dijo...

Al leerte me has hecho recordar mi propia historía, en el tiempo en el que nací de nuevo, por descubrirme a mi mismo.
Nadie tenía idea excepto yo, de lo que estaba naciendo.
Muy bonito el relato, lo has expresado mu bien.

Un fuerte abrazo

P.D. De esa nueva rama, igual luego surge alguna ramita pequeña :))

raquel dijo...

Supongo que tantos nos sentimos reflejados en tu historia... Pero qué buenas son para nuestro progreso de formación de nuestra identidad estas situaciones, fundamentales diría yo, el verte a ti frente a ti, nadie más para salvarte, sólo tú mismo, todo en tus manos. Es tan duro, pero luego el cambio en ti tan reconfortante y tan necesario para avanzar...
Besos amiga invisible!!!!!

SOLOYO dijo...

A mi también me ha recordado a la historia de Julio, de su renacer...
Me ha enganchado, está genial.

Juan Luis Carreras dijo...

Lo bueno de tu historia en que empieza y uno quiere encontrar el final. Pese a que su título ya nos da una reseña del mismo.
Buen relato.

Te informo que te agregaré a mis bloggers favoritos.

Si gustas, pásame a visitar a mi sitio literario:
http://letrasconhistoria.blogspot.com

Saludos.

SOLOYO dijo...

Te he dejado un regalito en mi blog! Si no te gusta no tienes por qué aceptarlo pero siendo el primero igual te hace ilusión!
Besos.

abraxas grossulariata dijo...

Yo soy yo y mis circunstancias ... alguna puedo compartir y dejar que se manipule pero hay una serie de momentos fundamentales en la vida a los que nos tenemos que enfrentar solos . Y eso es : valentía , cuando los miramos a la cara y nos hacemos dueños de la situación o pánico si somos incapaces de dominarlos.

O nos soñamos constantemente y no damos el paso , dejando que la vida improvise o nos atrevemos y nos construimos incansablemente minuto a minuto.

Gracias por recordarme con tu relato el sentido de mi propia existencia desnuda : lucha constante , consciencia presente. Maravillosamente expresado, llega al corazón y a la más profundo de la voluntad dormida.

Te sigo en silencio. Millones de besos.

Espero te haya llegado a tu correo mi cambio de dirección de e-mail.

Abraxas grossulariata desde Begur ¿ cómo no ? Incondicional de tu arte y a tus pies .

Tamara dijo...

Queridos amigos,
Muchas gracias a todos por deteneros aquí un rato y dejar estos comentarios cargaditos de magníficas aportaciones, emociones, sensaciones, energía...
Muchos besos para todos y un gran achuchón de cariño.
¡Nos seguimos leyendo!

Avellaneda dijo...

Pssst, amiga!!! te he dejado un regalito en mi blog.
Un beso grande

Tomás Mielke dijo...

a quién no le gustaría irse con ellos,

un abrazo

hermoso canto de amor y libertad

Lidia M. Domes dijo...

Está bueno encontrarse, y sies necesario renacer, o reconocerse, descubrir los propios talentos que aún no han sido expresados... y lo dices bellamente, con ritmo, con un estilo atrapante...

Vine a conocerte... desde el blog de Avellaneda, y me ha gustado mucho!!!

Te enlazo...

Besos...

Lidia

raindrop dijo...

Ya he leído varias veces este relato... y no me resisto a escribirte un comentario, sobre todo para felicitarte por lo bien escrito que está. Tan lleno de sugerencias, de múltiples interpretaciones (para determinadas situaciones de la vida)... incluso la cita y la ilustración de Escher, al comienzo, ayudan a dejar volar la imaginación en un sinfín de circunstancias en las que sí, se respira la derrota, pero no se han bajado los brazos.

un beso

Tamara dijo...

Lidia,
Muchas gracias por tu comentario. Creo que siempre estamos a tiempo de renacer, de redescubrirnos y retomar nuestro camino.
Un abrazo.

Raindrop,
Me alegra que repararas en la cita, porque define perfectamente lo que pienso y siento. Y el texto está abierto a todas las interpretaciones que uno sienta al leerlo.
Muchas gracias por tus palabras...son un honor viniendo de ti.
Un beso.