13 marzo 2007

La comunicación

COMUNICACIÓN: f. Ret. Figura que consiste en consultar la persona que habla el parecer de aquella o aquellas a quienes se dirige, amigas o contrarias, manifestándose convencida de que no puede ser distinto del suyo propio.//
f. Trato, correspondencia entre dos o más personas.
DICCIONARIO DE LA RAE


A. es agradable, risueña, pura decoración. Toda ella es una apuesta por la ornamentación, por el brillo y la bisutería. Impecablemente maquillada, domina la técnica del cubrimiento facial con espesas capas de sustratos geológicos que se resisten a los envites del día y a las inclemencias del tiempo. Podría ser mi madre y, sin embargo, cuando llegamos a trabajar por la mañana, la única que parece haber salido de las tinieblas soy yo. Gusta de vestir prendas perfectamente coordinadas en una fiesta de colores, texturas y tamaños, que rubrica con unos pendientes y collares a tono. Detalle nada irrelevante éste, por cierto. Lograr vestirse cada día con un traje distinto, y encontrar el complemento ideal para el acabado perfecto, requiere de un acopio de material bisuteril alimentado por años de mercadillos, orejas vencidas por el peso y las alergias, y renovación constante. Al menos, los amigos estarán agradecidos porque siempre sabrán qué regalar.

Pero lo más destacado de A. no es su fascinante figura, su desparpajo incansable, ni su animosa presencia. Lo que la convierte en la reina de mis desvelos últimos es su insaciable locuacidad. El verbo la domina, la tiene poseída como si hablar fuera un súper poder obtenido tras sufrir la perforación en su cuello de algún abalorio de sus collares vistosos. Para mí es la Súper Hablaora.

Tras un minucioso estudio basado en datos totalmente empíricos, apoyados por largos minutos asistiendo al fluir de sus palabras, sin pausa, sin aire, casi en un ahogo, concluí que, en realidad, sólo dispone de un único registro con varios subregistros colgando de él: ella misma. El tema del que puede estar enlazando sustantivos, adjetivos, complementos circunstanciales, objetos directos y hasta los indirectos, y todo ello sin parar... es ella misma. Con sus diversas variantes que parten del tronco común: sus hijos, marido, hermanos, sobrinos, amigos, conocidos, enemigos y así hasta el infinito y más allá.

Su monólogo no precisa de aportación alguna por parte del espectador. Tan sólo un par de interjecciones ocasionales, salpicadas aquí y allá y toneladas de paciencia para aguantar sin flaquear la cantidad de información con la que Súper Hablaora te azota. Son suficientes los primeros dos minutos para freír tu cerebro y morir de aburrimiento sin tregua. Qué super poderes más tremendos. Que no se entere el padre de la animadora de "Héroes", que me la secuestra...

La verdad es que todos hablamos como locos. Unos más que otros, de acuerdo. Admito que hasta yo podría estar en el primer equipo, pero mi locuacidad responde a otros criterios que no creo que interesen a quien tenga a bien haber llegado a este punto de la lectura.

¿Comunicarse en una sociedad que mola tantísimo como la nuestra es sinónimo de habla irreflexiva y monologada? ¿Estamos tan necesitados de ser escuchados o se trata de un mecanismo para escucharnos a nosotros mismos y reconocer que seguimos siendo y estando? Que tenemos entidad, que no estamos perdidos y solos en la masa. Que nuestras peripecias y vivencias están en el Top Ten del interés general. Que somos algo.

Tenemos a nuestro alcance sistemas tecnológicos que nos permiten dialogar, mantener conversaciones, informarnos al instante de cómo está el otro y, sin embargo, no sabemos hacerlo. Nos limitamos a abrir la boca y mostrar al mundo nuestras más profundas debilidades con discursos intrascendentes que a nadie interesan, que no se reciben ni se completan con la visión del otro. Ni sabemos comunicarnos, ni sabemos escuchar.

Vas en el tren y te llegan retazos de conversaciones medio hilvanadas. Frases que se superponen, "a mí me duele esto y esto" "pues a mí me duele más". No se sabe tomar la palabra, esperar prudentemente a que el otro termine, intervenir para aportar algún rasgo de interés en lo que te cuentan. Los diálogos son un marear la palabra para apoderarse del discurso, y atacar al contrincante con un ko en toda regla si logras que no pueda meter baza.

¿Qué esperamos de los demás? ¿Sólo que asientan y nos miren fijamente sin aportar nada más? Algo falla en esta sociedad en la que atendemos al que no debemos (políticos, periodistas, curas, etc), sin cuestionarnos ni rebatir nada al respecto, y evitamos empaparnos del que tenemos cerca.

La comunicación requiere paciencia, interés, desprendimiento, generosidad. Conceder la palabra para escuchar y atender. Entender, empatizar, pero también contraponer, argumentar. Y filtrar, saber quién es el que escucha, no abrumar con información que no es precisa. Queremos estar, pero luchamos la batalla equivocada. No hay que estar, hay que ser.

Ser uno mismo, un ser creciente que intenta completarse cada día, sin desperdiciar un segundo de aprendizaje. Y para ello, necesitamos comunicarnos y buscar al otro, sus razones, sus posturas, sus flaquezas y grandezas. Cerrar fisuras, aclarar dudas, consolar desvelos. Los sueños y las historias propias y ajenas, que escuchar y hablar se complementen y nos sirvan para cruzar un puente o seguir un camino, para sentirnos parte del otro.

Esta funcionaria en carrera se lo ha propuesto así, si Súper Hablaora no le fríe el cerebro antes.
Con el permiso del mi Enrique, tendré que llamar a Lobezno....mmmm



Las fotos son de Colodio

5 comentarios:

Pek dijo...

¿Dónde están esas reflexiones? =;-)

Peggy Sue dijo...

pues está claro que en el cuadro; no lo ves? es de Hopper?

Avellaneda dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Avellaneda dijo...

Creo que P. tiene ese poder pero no es tal, es su propia cárcel, es como si pensara que si deja de hablar se desvanecerá para siempre y realmente puede que sea cierto...
Más bien creo que su superpoder radica, si no me equivoco en imaginarmela con tu descripción, en estar maqueada a toda hora y lugar y poder combinar colores, texturas y abalorios.
Para mi eso es más increible que logre doblar una barra de hierro con su "mi-hijo-no-veas-lo-bien-que-esta-colocado" hipohuracanado...
Te echaba de menos en el ciberespacio. Espero más de post de éstos, que es como si fueramo compis de curro :D. Bueno, espero más textos de todo tipo.

Enrique dijo...

Animo que tú puedes con un ejército de estas.. lo cierto es que una de tus virtudes es saber escuchar y eso las personas que te rodean lo intuyen.. aunque algunas se aproveche. Besos y T Q +++