15 octubre 2008

Un post-it color azul

Rubén se acaba de levantar. Martes, 7 de la mañana. Asoma la nariz por la ventana con el primer bostezo, y fija la vista en el horizonte de mármol gris que comienza a dibujarse. Tres-dos-uno, zas, la luz de la farola de la plaza se apaga de pronto. Como todas las mañanas, de lunes a viernes, el mismo ritual y las mismas rutinas.

Tiene sobre la mesa del salón una nota. Es un post-it tamaño mediano, color azul. La letra apretada de Carlos deseándole un buen día y confesándole una emoción. Ha sido un arrebato, no se ha podido contener, y la fuerza de un "te quiero" planea sobre el horizonte gris apaga farolas de esa mañana recién pintada de azul.

Carlos es así, acomoda la vida de los demás con su juego de almohadones emocionales, hace romas las esquinas con pequeños detalles que iluminan lo cotidiano. Una camisa que no se espera, una invitación al teatro, un viaje sorpresa. Rubén se siente protegido y seguro a su lado. Complementa su vida con una entrega que adormece fantasmas y quimeras.

Pero cuando cruza la puerta de su casa, el horizonte tiene vetas más intensas y el post-it azul queda colgado del nido enmarañado donde aisla su autenticidad, niega su sexualidad y su deseo por Carlos, o tantos hombres antes que él. Ocultar es ley, una norma rígida y severa que somete ferozmente sus decisiones, discurso y hasta la decoración de su casa. Cuando los amigos van a casa, borra todo rastro de Carlos, arrojando la parte más plena de su existencia a un vertedero de oscuridad y anulación. Zozobrar en el fango del desprecio y el juicio ajeno le aterra, asomarse al regazo de la soledad le aterroriza.

El metro va atestado de gente, imposible sentarse. Se incrusta en la puerta y decide arrojar la claustrofobia al rincón mientras rescata un buen recuerdo. Se acuerda de Carlos, de sus largos dedos resbalando por su espalda, hundiendo su rastro en la piel, descubriendo atajos deliciosos. Hay un chico frente a él que le mira fijamente. Tiene grandes ojos, flanqueados por párpados pesados, hinchados de sueño interrumpido. Pero en el brillo del iris se puede leer el interés, la atracción, el deseo. Rubén se siente incómodo con su mirada. Le trae recuerdos de días de huida, turbios y sucios de miedo y renuncia. Eran días sin Carlos, días de cuerpos sedientos entre las sombras, la vuelta a casa con los hombros vencidos, sin apenas aliento, resbalando por toboganes de remordimientos y angustias reencontradas.

Y al llegar, los ojos de Carlos. Encendidos de rabia al principio, confundidos e interrogantes después. Reconocía los demonios, conocía cada palmo del camino de la negación. Y se sorprendía a sí mismo fingiendo que no se enteraba de nada, confiando en que al amor endeble le crecieran piernas fuertes y firmes para caminar por la misma vereda.

Pero a Rubén no se le escapaba la batalla que libraba por contener una lágrima. Al principio, todo quedaba ahí. Pero luego llegó el esbozo de una grieta. La humedad se precipitaba por la mejilla sin que a Carlos le diera tiempo a disimular. No pasa nada, no te preocupes, lo entiendo. Y detrás de su voz, el bramido de la ruptura, cada vez más cercano. La voz grave y arrastrada de Rubén le pedía disculpas, mientras las palabras vacías le raspaban las cuerdas vocales.

El discurso aprendido, el mismo de otras veces. Y la sombra del abandono y la angustia, la llamada de la soledad saludando tan cerca. La necesidad de salir corriendo. Y la vista fija en los ojos de Carlos, que sujetaban los mares furiosos, pero no podían ocultar lo que había detrás. El desgarro de la decepción, la riada del dolor y los trazos firmes del final. Más de lo que Rubén estaba dispuesto a soportar.

Por fin, su parada. El chico de la mirada intensa queda oculto entre la gente que entra apresuradamente al vagón.
Y un post-it azul vuelve a pegarse en su frente. Como un aviso, una advertencia, la señal de un cambio. Las palabras de Carlos le retumban por dentro, un ciclón de emociones están arrasando sus cosechas de temores, largo tiempo sembradas sobre suelo bien regado.
La confesión de Carlos le abrió la ventana esta mañana, le mostró un horizonte de grandes espacios, y le pintó de azul el cielo, antes gris y compacto.

Al llegar al despacho, saluda a su compañero y le confirma que irá a la cena de la oficina.
¿Irás solo, como siempre, o nos sorprenderás con alguna chica guapa, para variar?
No, contesta en tono quedo antes de aclararse la garganta.
No iré solo, afirma con voz más fuerte.
Vendrá conmigo mi novio. Se llama Carlos.


La imagen está sacada de algún rincón de Internet. Desconozco el autor, de lo contrario, lo nombraría encantada.

20 comentarios:

Victor dijo...

Carlos quiere a Ruben, x q se quiere a si mismo y muy probablemente quiera a los demas. Ruben lo quiere todo y debe tomar 1 decision x q tiene la oportunidad d aceptarse y ser, digamos (jeje)feliz. Me ha gustado, q salga del armario y se terminen sus demonios o como dices tu q abra la ventana para ver 1 horizonte d grandes espacios, de cielo azul (arcoiris, jeje XP), antes gris y compacto.
1 bso

Avellaneda dijo...

Ya sabemos que la vida es sencilla pero que nos gusta complicarla, unos un poco, otros mucho y otros se hacen su vida paralela por no mostrar cómo son por no se qué miedos y Rubén, en este caso, es uno de ellos

El relato está bien contado, me suena y aunque en la época que vivimos no es tan raro declarar la homosexualidad, hay personas que viven ocultándolo por miedo al rechazo o no se a qué. Quizá (y es mi opinión) en el relato falte sacar más los fantasmas de Rubén para poder comprender cómo se agarra al armario...

Gracias por publicar de nuevo amiga, que ya sabes que echaba de menos tus textos! Por cierto, sigo pensando en el relato encadenado entre el mundo incontable y Avellaneda :o)

Un beso grande!

Tamara dijo...

Pero bueno pero bueno...¡¡cuánto bueno por aquí!! Bienvenido, Víctor, estás en tu casa...:-D. Bueno, tu resumen es perfecto. Quien se quiere a sí mismo, está en disposición de dar cariño a los demás. Quien se conoce a sí mismo y sabe quién es, está en disposición de aceptar a los demás. Yo lo veo así de claro. La clave está en abrirse camino en esta selva enmarañada del día a día, e intentar acercarse a ese objetivo. Eso es lo rematadamente complicado.
Es un gustazo tenerte por aquí, bro, me ha hecho mucha ilusión.
Muchos besos.

Querida Avellaneda, el proyecto relato encadenado...ya mismito. Nos ponemos las pilas, pero ya, ¿vale? ;-D
Gracias por tu apoyo y ánimo. La historia te suena, desde luego, desde luego...sabes que me cuesta entender y procesar (y te aseguro que me esfuerzo) cómo una persona puede tener un entorno afín, cómodo, proclive a la integración a más no poder, pero se niega a asumir su identidad. Y los motivos son más sencillos de lo que pensamos. Sencillamente el temor a no ser aceptado, a ser juzgado, a ser excluido. Motivos que a todos nos suenan, motivos que todos manejamos de un modo u otro. Agradezco tu puntualización sobre las carencias del relato, siento no haberlo sabido transmitir. Pero va muy en consonancia con lo que siento personalmente en los casos que ambas conocemos. Sé que los motivos son esos, y actúo (actuamos) para que la persona en cuestión perciba que esos miedos no tienen sentido con nosotros, y, sin embargo, todo sigue igual. Yo creo en la normalización de toda condición, estado, situación física, etc. Y para alcanzarla, el primer paso es aceptarse a uno mismo para poder aceptar a los demás.
Complejo, complejo...
Un besazo, guapa.

Avellaneda dijo...

No, no, lo has sabido transmitir perfectamente! no es eso, es que igual da más juego para "empatizar" con el personaje y ver que realmente es ridículo y torpe esconderse tras esas razones (pq realmente lo es). Que se está perdiendo una libertad que le haría mucho más felíz. Solo eso. Pero es una apreciación personal, tuyamentiendes

Me pienso lo del relato ¿empiezo yo? Le voy dando al tarro mary! :)
Un beso grande

Tamara dijo...

Ay, mi querida Avellaneda, tú puedes decírmelo todo todito, sabes que siempre será bienvenido. Y es que además tienes razón, falta quizás un toque más de profundidad en los motivos de Rubén para poder entenderle mejor.
Le damos al tarro con el relato encadenado, guapa...esto va a ser una risa.
Un besazo enorme.

Belén dijo...

Pues es bastante común esta historia... me recuerda a una amiga que decia que en la comida que hace cn sus ex compañeros del colegio, uno de ellos enseñó la foto de su ex novio, un rubio impresionante... y se comentó,vaya si se comentó...

Pero al menos ese chico ha sido muy valiente :)

Besicos

Ana dijo...

A mi me ha gustado y admirado la sensibilidad con que relatas una historia de amor.Que al fin es lo que vale y lo que cuenta.Que dos personas se amen, siempre, siempre conmueve.

Un abrazo

raindrop dijo...

Hola, qué gusto estar por aquí de nuevo (un nuevo post es siempre la mejor excusa ;D)
Me quedé pensando en aquellas personas que se convierten en jueces implacables de los demás, que sin tener arte ni parte (ni derecho ninguno, claro) entran a saco en lo que no les concierne. Esas personas hacen (o pretenden hacer) tan amarga la vida de tantas personas... y simplemente porque vierten en ellas la misma amargura que generan en las suyas propias a diario. En la medida de lo posible (menos mal que la Inquisición ya es sólo un mal recuerdo) hay que enfrentarlos o pasar de ellos, pero jamás acomodarse en sus lúgubres tribunales de in-justicia.

besos
(me gusta la riqueza de recursos que tienes para contar las cosas)

julio-entuinterior dijo...

Pues te prodigas poco, Tamara, pero cuando escribes lo haces muy bien; a mí me gusta.
El miedo, como nos paraliza y nos impide tomar decisiones que sin él tomaríamos.
A Rubén, por lo visto, se le apareció por un momento su verdadero yo y le dijo: ¡fuera miedos Rubén! Y su vida cambió.

Un beso

ybris dijo...

No es nada fácil salir del armario.
Hay cariños que no sufren la invasión de los ojos que no entienden.
Me ha gustado el relato.

Besos.

Raquel dijo...

Aún en entornos proclives para muchas personas es dif´cil dar el paso. No olvideis que todos hemos crecido en un ambiente homófobo. Aunque ahora se vaya superando el tema, hasta hace bien poco ser homosexual no era plato de buen gusto, ninguno de nosotros de niño lo ha percibido como algo normal, siempre como algo negativo. Nosotros mismos somos susceptibles de tener una homofobia interiorizada que nos hace percibir la homosexualidad como algo negativo, aún siéndo homosexual. Pero en la niñez y la adolescencia somos muy vulnerables para absorver valores y prejuicios. Y no todo el mundo tiene la misma facilidad para quitárselos de encima.

muchos besos tam, gracias por el apoyo a la causa.

Tamara dijo...

Muy bien dicho, Belén, el compañero de tu amiga es valiente, y como dice mi amiga Raquel, la felicidad es de los valientes. Me encanta la escena, amigos y amigas hablando distendidamente sobre los novios o parejas de cada cual, y de pronto, uno de ellos saca la foto de su pedazo de novio, dejando al resto con la boca abierta. Para mí, eso es normalización, un camino que empieza y termina en un bosque nuevo, que a todos nos iguala desde nuestras diferencias.
Un besazo.

Muchas gracias, Ana. Es verdad, a fin de cuentas es una historia de amor, así que dejemos que se amen. Una historia de amor siempre conmueve, sobre todo cuando tiene todo en contra para resistir, pero resiste. Si logras desnudarte de prejuicios y miserias, inseguridades y vendas, lo que te queda es eso, una historia de amor. Dejemos que se amen.
Un beso grande.

Bienvenido, raindrop, leí tu comentario ayer, cuando más fuerte caían las gotas de lluvia en un Madrid enfurecido por el viento y desabrigado. Bienvenida también la lluvia siempre, por cierto.
De jueces implacables, todos tenemos un poco o un mucho, depende de cada quien. Y sobre todo depende del esfuerzo que hagamos en controlar ese impulso, y en asumir que nuestro discurso no es norma ni dogma de fé. Todos tenemos esquinas, sombras, fantasmas. No tenemos derecho a juzgar a nadie. Y creo que deberíamos esforzarnos, cada día, en recordarlo.
Gracias por pasar por aquí, un abrazo fuerte.

Querido Julio, es verdad que cuesta enfrentarse a los miedos. Te puede llevar toda la vida, pero si estás dispuesto, tienes mucho terreno ganado. Para empezar, hay que descubrir qué se teme, después, procesar esa información y desarrollar recursos para hacerles frente, y, quizás, superarlos. Buuufffff…telita, ¿eh? Bueno, será cosa de ponerse manos a la obra, que la teoría la tengo muy clara, pero la práctica…:-P
Un abrazo bien grande.

Ay, Ybris, qué gustazo leerte. Qué bien que hayas vuelto y estés por aquí. Tremenda, rotunda frase “Hay cariños que no sufren la invasión de los ojos que no entienden”…casi es mejor no añadir nada más. Es posible que cuanta más invasión de los ojos que no entienden, más fuertes y firmes los lazos de quienes son mirados e invadidos.
Un besote.

Querida Raquel, estoy de acuerdo contigo. Cada uno tendrá que pelear su propia batalla en su debido momento, desarrollar sus propios recursos y afrontar sus propios fantasmas. Pero aquí está mi mano tendida, y aquí mi cuerpo para recoger su abrazo.
Un besazo, guapa.

Y, por último, muchas gracias a todos por pasaros por el mundo incontable, que lleva un tiempo largo haciendo demasiado honor a su nombre. Os agradezco que aún queráis pasaros por aquí y dejarme vuestro cariño e impresiones. Con vosotros se cuenta el mundo mucho mejor.
Muchos besos a todos.

Instigador dijo...

Se te echaba de menos. Supongo que es una situación bastante habitual. Lo que la convierte en una lectura deliciosa es la capacidad de relatar con esa delicadeza una situación tremendamente complicada sin que pierda emoción.

Eres grande, mujer.

Besos

mera dijo...

Siempre es mejor defender la libertad de opción que ocultarla. Tampoco me parece necesario convertir la propia intimidad en un culebrón de Gran Hermano. El decir quien eres y de que vas quita morbo, misterio y éxito social a quien le interese.
Un abrazo.

Estrella Altair dijo...

Hola niña, esta vez soy yo la que llego un poco tarde... pero como siempre tus escritos son interesantes, sobre todo fáciles de lectura y que gustan.....

Nunca ha sido fácil, ni para Ruben, ni para Carlos, cuyo ejemplo es claro... llegar a ser sincero con uno mismo... pero es que a los demás... a los que tenemos mas clara nuestras tendencias sexuales, tampoco nos es tan fácil, ser "verdaderos" y "autenticos".

El falso self... es muy común, quizas en el caso de Rubén se ve muy claro, pero hay tanta gente que oculta lo que es, que tiene miedo a ser y sentir lo que verdaderametne siente y es... que bueno.... llegar al fondo de uno mismo no debe ser nada facíl y mas si se complica con todos estos temas de imposiciones sociales, que duda cabe.

Pero opino que la autenticidad de cara a uno mismo es la mas dificil.

Un abrazo muy fuerte

Tamara dijo...

Querido Instigador, tú sí que eres grande. Y bueno, además, en el buen sentido de la palabra bueno, que diría Machado.
Un besote, amigo.

Querido Mera, es verdad, siempre hay algo que debemos ocultar por el bien de la intriga y el morbo, pero desde nuestra reconocida autenticidad. Pero sí, qué complicado es ser uno mismo...
Besitos.

Estrella, querida mía, la autenticidad nunca es cómoda, pero sí necesaria. Ser uno mismo, luchar por sentirse bien en el pellejo propio, luchar cada día, a cada instante, porque como bien dices todos tenemos motivos o excusas para ocultarnos. Complejos, miedos, inseguridades, indecisiones, todo eso cargamos en nuestra mochila y soltar lastre para andar más ligero es tan complicado. Pero aún así, merece la pena, no hay que dar por perdida la batalla de llegar a acercarse a lo que uno es, y disfrutarse.
Un besote, guapa.

SOLOYO dijo...

De verdad que te admiro. Tienes una enorme capacidad de ponerte y ponernos en la piel de otros haciéndonos bucear en sus más profundos sentimientos y secretos.

¿Sabes? Uno de mis escritores favoritos es Torcuato Luca de Tena, he leido casi todo de él y el motivo por el que me gusta tanto es por la profundidad psicológica que da a los personajes...

Felicidades y enhorabuena.

EL INSTIGADOR dijo...

¿No estás vagueando un poco? Anímate que necesito sensaciones fuertes.

Besos

Tamaruca dijo...

Por eso yo, como Rubén, no suelo ir a las cenas de empresa: nunca quiere acompañarme ninguna chica guapa :P

Besazos prenavideños ;)

intelligence dijo...

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