26 julio 2006

Empatía

Según la Real Academia Española, Empatía es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.
Es mi palabra favorita. Por encima de las más concurridas, como Paz, Generosidad, o las más atractivas, como Amor.
La empatía las agrupa, las vincula, las concilia.
La Paz no es sólo la ausencia de Guerra. También es la cima de una montaña desde la que se asoma el cielo. Un espacio de equilibrio en el que aflora la empatía.
La Generosidad no es sólo la anulación del Egoísmo. También es una sonrisa sincera que nos conforta y nos abriga. Un espacio abierto para que la empatía crezca fuerte.
El Amor no es sólo lo contrario del desamor. También es un camino de otoño que nos empuja y nos allana el encuentro. Un espacio inmenso en el que se consolida la empatía.
El otro día escribía mi querida amiga Merche un artículo que recomiendo leer y que jugaba con la posibilidad de imaginar qué pasaría si todos amaneciéramos un buen día en el cuerpo y la mente de otro. Con sus miserias, sus grandezas y sus contradicciones humanas.
¿Ese ejercicio de levantarse en los zapatos de otro podría cambiar el mundo? ¿Lo mejoraría? Tal vez no, pero es bastante probable que nos haría más humanos y sensibles a sus necesidades, a sus flaquezas.
La empatía es un ejercicio complicado, duro, incómodo. Mirar a los ojos del que está enfrente y juzgarle sin opción a réplica es a lo que estamos acostumbrados desde niños. ¿Lo traemos de serie o hay algún momento, en la tierna infancia, en el que se nos inocula esa inclinación?
No sabemos cuándo empieza todo, pero sabemos prejuzgar, juzgar y posjuzgar a la perfección. Sin salir de la sala de juicios tendemos a jugar diferentes papeles según el momento; acusado, fiscal, abogado defensor, juez, testigo, incluso testigo de cargo.
Nos pasamos media vida defendiéndonos de algo o de alguien, acusando a éste otro o aquel. Nos salen agujetas de tanto subir al púlpito desde el que todo se sabe, todo está aprendido y todo se hace bien.
¿Qué nos pasa? ¿Dónde podemos vacunarnos contra tamaña sandez eterna como bucle sin fin?
¿Podemos cambiar? ¿Qué hay que hacer?
No tengo la menor idea, yo también soy mortal, y prejuzgo y me creo en posesión de la verdad muchas veces.
Pero hay tantas otras, esas ocasiones en las que me miro al espejo y logro verme. A mí, a la persona que duerme detrás de la envoltura común, la que se asoma entre nubes de conformismo, convencionalismos y otras gaitas que contaminan y entorpecen. Y entonces, en ese momento, ocurre la magia.
La magia de la empatía.
Es un esfuerzo doloroso, terrible. Nadie nos enseña a aprobar la asignatura de la autocrítica, ni nos premia si logramos que no nos quede para septiembre. Ni las religiones, ni los libros ni la televisión. La autocrítica y la empatía parten de uno mismo.
Se araña la piel, se enmudece la rabia, se paraliza el rencor.
Sólo queda la Paz, la Generosidad y el Amor.

Pax et Bonum

4 comentarios:

ENRIQUE dijo...

Tamara me gusta mucho este articulo, ..cuantos malos momentos se lograrían evitar si se empatizase un poco con el prójimo. Siempre solemos juzgar a las personas en caliente, si mirar el fondo y sin pararnos a pensar porque reaccionan de una determinada manera en un momento en concreto.
Creo que el ser humano tiene algunas cualidades que aprenden o desarrolla con demasiada facilidad... enviada, egoísmo, carácter, intransigencia, y otras que le cuesta demasiado cultivar o utilizar como pueda ser la empatia, pero que reportan un mayor beneficio.

Por favor, continua escribiendo textos tan reflexivos.. a tu chico le viene muy bien para crecer y mejorar ;·)

falco348 dijo...

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Stupor Mundi dijo...

Cuando te metes en los zapatos ajenos, y ves el mundo desde los ojos ajenos, tu percepción de lo que no es real desaparece. La empatía sería la cura milagrosa, el fin de todos los males. Pero por desgracia, demasiada empatía sería también un mal en si misma. ¿Porque como se puede soportar todo el dolor ajeno, toda la miseria ajena y hacerlos nuestros y seguir viviendo?.
La empatía, querida Tamara, reside también en la isla Utopía, quizás, solo quizás por suerte...

Anónimo dijo...

Tamara eres genial. Cuánto estoy aprendiendo de tí. La verdad, y me incluyo a mí, tendemos a criticar sin dar cábida a un por qué, pero desde que te conozco, estoy procurando cambiar un mal gesto, una mala palabrar e intentar florecer esa empatía para intentar ser un poquito más felices cada día. Cuesta un poco pero, como tú bien has dicho, es cuestión de mirarse al espejo y enfrentarse a uno mismo, y como creyente que soy, yo me quedaría con la frase bíblica: "quien esté libre de culpa que tire la primera piedra". Hay que luchar por un mundo mejor aunque tengamos que empezar primeros por mundos pequeños como la familia, amigos cercanos, para continuar con la gente que conocemos cada día y que tantas cosas buenas pueden llegar a aportarnos si les damos la oportunidad de la razón. ¡Sed muy felices!. Besos. La Huete